Frente a la bahía de Santander, esta vivienda ha sido completamente reformada para convertirse en un espacio abierto al paisaje marítimo de la ciudad. La intervención parte de una vivienda original del año 1932, totalmente compartimentada, con largos pasillos, habitaciones pequeñas y estancias interiores sin luz natural. Se reconfigura por completo la organización de este hogar, generando un gran espacio central, flexible y sin jerarquías. Este núcleo común no solo organiza la vivienda, sino que se proyecta hacia el exterior, abriendo la casa al mar.
Desde el punto de vista material, este proyecto se caracteriza por el uso de un número reducido de materiales, empleando una paleta que combina pocos elementos con una estética cruda y desnuda. El azul, característico de la ciudad, se incorpora en muebles y armarios, creando una relación cromática con el mar. En las zonas húmedas de la casa, paredes y suelos se visten con azulejos cerámicos blancos y sencillos. Un pavimento continuo de linóleo unifica de forma homogénea todas las estancias de la casa; este tono neutro se mezcla con texturas y acabados en bruto, como el hormigón de la estructura del edificio. Esta sobriedad material crea una atmósfera de calma que contrasta con los colores vibrantes del mar.