En España, la acumulación de ciclos económicos regresivos durante las últimas décadas ha ocasionado tanto una reducción en la escala de los proyectos a los que pueden aspirar los arquitectos jóvenes (y no tan jóvenes), como una creciente desconfianza en la capacidad de la disciplina para abordar los grandes retos del presente. Sin embargo, es precisamente en el ámbito de la vivienda, uno de los frentes abiertos políticos y económicos de nuestro tiempo, donde una nueva generación ha logrado evidenciar su capacidad para reformular el espacio de lo cotidiano. Para los arquitectos y arquitectas que dieron sus primeros pasos profesionales tras el estallido de la crisis del 2008, la intervención en pequeña escala, y en concreto en el ámbito doméstico, se ha convertido en el eje central de su práctica. Particularmente en la capital madrileña, con un considerable parque de viviendas existente, la reforma del hogar es la vía mediante la cual los arquitectos están ofreciendo, frente a visiones maximalistas del pasado, una versión de la profesión más local y cercana al usuario. La reforma se revela así como un puente entre debates cruciales de la actualidad: desde la adaptación a nuevas formas de vida y estructuras familiares, hasta la incorporación de la perspectiva de género en el diseño del hogar, sin olvidar la optimización de lo ya construido con fines sostenibles.
En la mayoría de las ciudades europeas, debido tanto a la necesidad de reutilizar lo existente como a la presencia de restricciones patrimoniales en los centros urbanos, el aspecto exterior de los edificios ya está definido. Por ello, una de las tareas fundamentales del presente es la transformación de los espacios interiores de nuestras ciudades para adecuarlos a los estándares contemporáneos. Mientras que en épocas pasadas los proyectos domésticos quedaban relegados al ámbito privado, en la actualidad los ambientes interiores dominan el espacio digital de las redes sociales y plataformas de difusión. En este paradigma, la fotografía arquitectónica desempeña un papel clave al visibilizar y resignificar el hogar como una expresión estética y conceptual de la arquitectura contemporánea. Esta proliferación de imágenes ha dado lugar a una ciudad de interiores, donde las habitaciones están conectadas entre sí digitalmente.
Por ello, la exposición Capital Reform se construye desde una triple mirada. La primera, encargada de extraer una selección de imágenes finales que han recorrido ampliamente las redes sociales y los medios especializados, para extraerlas de los canales de comunicación y consumo habituales -en estado de saturación- y presentarlas como obras artísticas con un valor por sí mismo. En el anverso, encontramos la cara oculta que dejan los estados finales recogiendo, de cada uno de los estudios, una fotografía tomada durante el proceso, de forma espontánea, que pertenece al mundo de la imagen sin prejuicio ni canon formal y que nos habla de lo indefinido, lo abierto y lo posible. Al situar ambas imágenes frente a frente, se construye un espacio de contraposición entre lo difuso y lo definitivo, que dialoga con el tercer acontecimiento de la muestra: la mesa de los procesos. Entre los elementos que acogen las fotografías, nos encontramos con una larga mesa continua en la cual cada uno de los estudios seleccionados ha tenido la oportunidad de verter, con total libertad, un reflejo de la carga crítica y procesual de su práctica. De esta forma, la exposición muestra el acontecimiento a priori, el estado intermedio y el momento final de cada una de las obras.
En definitiva, Capital Reform muestra el trabajo de una generación de arquitectos que ha sabido hacer de la necesidad virtud y que, mediante la optimización de superficies reducidas, la actualización de tipologías domésticas convencionales y la experimentación material y estética, está reconfigurando los espacios de la vida diaria. Estas operaciones pueden ser tanto cómplices como respuestas a un mercado inmobiliario tensionado; por eso mismo, la reforma doméstica se presenta como una gran oportunidad para que, desde lo cotidiano y el trato directo con el usuario, el arquitecto dé respuesta a la aspiración colectiva de mejorar las condiciones habitacionales.